miércoles, 26 de noviembre de 2014

De cómo el cambio en los mínimos detalles pueden modificar la manera en que percibimos el mundo.

El leve movimiento de una nube
filtra de distinta manera
la luz del sol.
Ese mínimo movimiento
basta para cambiar el paisaje.
Vamos en auto por un camino polvoriento
entre vueltas y contravueltas
curvas bordeando la quebrada.
Abajo, el precipicio.
El río Las Conchas
se ensancha o se angosta
según le permite el cañadón.
En un giro los cerros muestran
laderas
de color azul
y un poco más allá
son rojas, rosadas, ocres.