El leve movimiento de una nube
filtra de distinta manera
la luz del sol.
Ese mínimo movimiento
basta para cambiar el paisaje.
Vamos en auto por un camino polvoriento
entre vueltas y contravueltas
curvas bordeando la quebrada.
Abajo, el precipicio.
El río Las Conchas
se ensancha o se angosta
según le permite el cañadón.
En un giro los cerros muestran
laderas
de color azul
y un poco más allá
son rojas, rosadas, ocres.