Hablaba, yo.
Mis palabras eran un río.
No
eran aire,
una corriente de aire
continua.
Un andar incesante
lento,
saliendo a la superficie
de una
profunda
gruta,
livianas hojas,
meciéndose,
suave
hacia arriba.
Así
hablaba.
Vos
todo espacio
y silencio.
Mis palabras,
anidaban,
allí.
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